Un paseo por La Provenza

La Provenza francesa huele a lavanda. A piedra ocre. A paz. Situada en el sur de Francia, muy cerquita de la Costa Azul, es un lugar fenomenal para pasar unos días, o simplemente para descubrirla camino de los Alpes. Aix-en-Provence, Orange o Avignon serían puntos interesantes para comenzar su exploración. Allí nos encontraremos pequeños pueblos anclados en el tiempo como Gordes o Castellane, paisajes increíbles como las Gorges du Verdon, altas montañas como el Mont Ventoux o inspiradores campos de lavanda que parchean de azul las laderas de los valles.

Vaison-la-Romaine

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Vaison-la-Romaine

A los pies del majestuoso Mont Ventoux, esta pequeña población irradia tranquilidad cuando la recorres una tarde de invierno. Como su propio nombre indica, su fundación se realiza en la época romana, y su núcleo urbano está anclado en un peñasco con vistas al valle del río Ouvèze. Podemos visitar las ruinas romanas de la Maison du Buste en Argent con sus termas, la casa de Apolo Laureado o el remozado Teatro. La Catedral es de estilo románico provenzal y presenta un claustro interesante.

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Vaison-la-Romaine

Pero de todo el conjunto, yo me quedo con el Barrio Alto, que rodea lo que queda del castillo. Sus callejuelas, algunas tremendamente empinadas podrían darte la impresión de un pueblo abandonado, sin vida durante el invierno. Pero un pequeño paseo te mostrará, en cada una de las tiendecitas y viviendas, cómo la tranquila vida del pueblo sigue su curso.

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Vaison-la-Romaine

Uniendo el barrio alto con el resto del pueblo, se encuentra el Puente Romano. Data del siglo I, se sigue utilizando en la actualidad y es uno de los más grandes de la región.

Montbrun-les-Bains

Montbrun-les-Bains
Montbrun-les-Bains

Desde la carretera, Montbrun-les-Bains aparece como suspendida en el aire, donde plazas aguantadas por columnas, e iglesias insertadas con calzador se alternan con erguidos cipreses y torres medievales. Para entrar en el pueblo, deberemos pasar por alguna de sus puertas medievales, que protegían la ciudad. Destaca su iglesia de estilo barroco y las ruinas de su castillo.

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Campos de lavanda provenzales

Yo sin ninguna duda me quedo con la vista general del pueblo que tenemos desde la carretera que nos llevará al interesante Col de la Macuègne, que recorreremos rodeados de olorosos campos de lavanda.

 

Sisteron

Es una población bastante más grande que las anteriores, por lo tanto quizá podríamos establecerlo como lugar para pasar una noche. Cuando llegas a la ciudad, destaca sobre todo la Ciudadela, que se encarama a un risco próximo y desde donde tendremos una visión de toda la ciudad y del río Durance.

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Sisteron. Catedral y torre de defensa

Tenemos también varias torres fortificadas que se reparten alrededor del pueblo viejo, donde pequeñas callejuelas llegan a pasar incluso por debajo de algunos edificios. Allí también encontraremos la catedral, que data del siglo XII. Uno de los alicientes de la población es que se encuentra en la llamada Ruta de Napoleón, por la que el emperador francés dejó su exilio en la isla de Elba hacia París, atravesando esta parte de la Provenza.

Encontremos hoteles con encanto como el LeTivoli, de ajustado presupuesto y unas habitaciones muy correctas y primorosamente decoradas. O restaurantes como La Villa d’Este, que no es precisamente de comida francesa, pero con comida (fundamentalmente italiana) de muy buena calidad y sobre todo con generosas cantidades a precio relativamente contenido.

Castellane

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Castellane

Situada en el valle del Verdon y también en la Ruta de Napoleón, sin duda es una de las joyas de la corona de la Provenza. Destaca su Roca, que vigila y protege la ciudad, y que posee en su cima la ermita de Notre Dame du Roc.

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Castellane

Cerca de ella se encuentra el Puente Romano, que cruza el río sin mucha pena ni gloria. Pero adentrarse en el núcleo antiguo de la población es muy recomendable.

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Castellane

Pequeñas callejuelas flanqueadas de casas de vivos colores, su iglesia románica del siglo XI y múltiples bares y tiendecitas que reposan durante el invierno pero que florecen en verano. Porque las cercanas gorges du Verdon y el lago de Castillon hacen que la población sea un hervidero de gente en la época de los calores. Así que intenta evitar esas fechas.

Las Gorges du Verdon

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Gorges du Verdon

Espacio natural donde realizar diferentes deportes de aventura, y también como no, donde disfrutar de las vistas. Para verlas en todo su esplendor, podemos optar por la carretera D71 desde Comps-sur-Antuvy hasta Aiguines, donde nos encontraremos los Balcons de la Mescla. O circular por la vertiente norte, por la D23, que suele estar cortada, pero nos deja acceder a los miradores que se encuentran antes de la barrera, como el Belvédère de la Carelle. Allí podremos disfrutar de los 720 metros de desnivel que presenta las gargantas en ese nivel. Sin duda, no apto para personas con vértigo.

Gordes

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Gordes

Si decíamos que Castellane era una de las joyas de la corona provenzal, sin duda alguna Gordes debería ser otra de ellas. La población rodea un risco, ofreciéndole un magnífico abrazo de piedras ocres. La mejor vista de la ciudad la ofrece su entrada desde la D15 viniendo desde el sur, que nos mostrará una magnífica panorámica de la población. Deberemos dejar el vehículo en alguno de los parkings que se encuentran a las afueras de la población.

Destaca en ella el Castillo, rotundo, cuadrado y flanqueado por sendas torres fortificadas, en un excelente estado de restauración. Rodeándolo, pequeñas callejuelas peatonales con multitud de tiendas de souvenirs con encanto. Un paseo por esas calles nos llevará a sorprendentes callejones que acaban en perfectos miradores improvisados sobre la región. También de interés es el Moulin des Bouillons, posiblemente el molino de aceite más antiguo del Mundo.

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Notre-Dame de Sénanque

Muy cerca de allí encontramos la Abadía de Notre-Dame de Sénanque, abadía cisterciense del siglo XII que es extremadamente fotogénica en verano gracias a sus campos de lavanda circundantes.

Y además:

La Provenza tiene multitud de pueblecitos, de paisajes y de lugares naturales que no debes perderte, además de los indicados. Los tonos rojizos de las montañas de Roussillon, las vistas entrando en Saignon o en Gréolières, el centro de Manosque o la señorial ciudad de Orange. Cualquier opción es buena, aunque deberás escoger entre la tranquilidad del invierno o el bullicio veraniego, pero disfrutando de las bofetadas olorosas que te ofrece la lavanda cuando el calor aprieta.

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Lavanda
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